Con este gesto se aprecia prestancia, estilo, dignidad y buen gusto o calce, y por extensión indica que algo está realizado con absoluta corrección o es en sí mismo completo, perfecto. Entre otros usos, se lo puede aplicar a la puntualidad, la exactitud de un peso o una medida, el matiz de un sabor, la oportunidad de una idea y lo apropiado de un comentario.